Una oración para proteger a tu familia del demonio


Confía a tu familia a la Virgen María y resguárdala del poder del mal

El mayor enemigo de la vida familiar es también el más invisible. Desde el principio de los tiempos, Satanás ha buscado dividir a la familia. Incluso su nombre en griego, diabolos, significa “dividir”.

Una arma poderosa contra este enemigo insidioso es la devoción a la Virgen María.

Durante el Rito de Exorcismo, el sacerdote ora: “La Madre gloriosa de Dios, la Virgen María, te lo ordena; ella que por su humildad y desde el primer momento de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza…”.

Su humildad fue tan radical que aplasta la “orgullosa cabeza” de Satanás, y sigue siendo la defensa más segura contra él y sus ataques.

San Alfonso de Ligorio, un santo que se dedicó a la Madre del cielo, compuso una oración para que las familias se dedicaran a la Virgen María, e invoca su protección contra todos los asaltos del diablo:

Oh, Bendita e Inmaculada Virgen, Reina y Madre nuestra, refugio y consuelo de todos los que están en la miseria: yo, postrado ante tu trono con toda mi familia, te elijo como mi Señora, Madre y Abogada ante Dios.

Yo, con todos los que me pertenecen, me dedico para siempre a tu servicio, y te ruego, oh Madre de Dios, que nos recibas entre tus siervos en la hora de nuestra muerte.

Oh, Madre de Misericordia, te elijo como Señora y gobernante de toda mi casa, de mis parientes, de mis intereses y de todos mis asuntos. No dejes de cuidarlos; dispón de ellos como te plazca.

Bendíceme, entonces, y a toda mi familia, y no permitas que ninguno de nosotros ofenda a tu Hijo. Defiéndenos en las tentaciones, libéranos de los peligros, aconséjanos en nuestras dudas, consuélanos en las aflicciones, acompáñanos en la enfermedad y, especialmente, en la agonía de la muerte.

No permitas que el diablo se gloríe de tener en sus garras a ninguno de los que estamos consagrados a ti; sino haz que podamos darte las gracias en el cielo, y juntos, contigo, alabemos y amemos a Jesús, nuestro redentor, por toda la eternidad. Amén, así sea.



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