Un viaje espiritual a la salida del infierno de la adicción


El pasado 7 de junio se estrenaba en España, en salas de cine comerciales, El creyente, último trabajo del premiado cineasta galo Cédric Kahn, que ha estado en Madrid promocionando la película. De su distribución responde Surtsey Films.

El filme sigue los pasos de un joven de 22 años, Thomas, que no es creyente, quien decide que es el momento de dejar su adicción a las drogas. Para ello, se retira a una comunidad aislada en una montaña en los Alpes. Dirigida por ex drogadictos, todos los que llegan allí siguen un método divino para curarse de su dependencia: La oración. Un lugar donde descubrirá la sencillez, el amor, la amistad, la paz…

Impecable trabajo de actores, especialmente de dirección de actores, donde una vez más se pone de manifiesto que la sencillez es el camino más corto hacia el éxito. La cámara de Kahn, además de lograr muy buenos primeros planos, ha sabido integrar una sugerente banda sonora al conjunto para desarrollar este drama humano, sobrio, contemplativo, en un viaje por los infiernos del ser humano, combinando y al tiempo describiendo con delicadeza cómo es la vida en comunidad, al aire libre y en el campo, azada en mano.

 

Llama la atención cómo se plasma la vida rural de los drogadictos en su periplo por recuperarse, su libertad frente a un aislamiento físico y espiritual, y cómo todo ello marca el tempo de la felicidad. Ayuda a este filme, bien narrado, estructurado y dialogado, los contrastes por los que atraviesa nuestro protagonista -a pesar de los intentos de Sybille, la chica que le gusta, de persuadirle de hacer ninguna tontería-, sus caídas y el modo que tiene de recuperarse de ellas, sin artimañas forzadas en el guión ni excesos gratuitos en los momentos más duros, que hubieran desnaturalizado la aventura. No olvidemos que no es una película complaciente, y que no cierra puertas a nada, como no se pueden cerrar puertas a los sentimientos.

Sin lugar a dudas, lo mejor de la historia, además de que plantea preguntas inteligentes, es el proceso  que desarrolla nuestro protagonista, desde su llegada a la comunidad, hasta su salida. Se trata de un camino que se ha visto robustecido por la fe, la oración y la disciplina, omnipresentes en todo el relato. En este sentido no es habitual que el cine exprese abiertamente su mirada hacia un Dios que es amor, donde abundan las alabanzas hacia Él, bien remarcadas, e incluso algunas de ellas cantadas. Y no sólo a través de recursos que formen parte del fuero interno del hombre, sino explicitado gracias a las imágenes y cruces de Jesús.

El creyente es una película respetuosa, elegante, que recoge y transmite con estilo y personalidad propias las esencias de la vida en comunidad de unos seres marginados que, de desesperados, algunos no consiguen integrarse y optan por la huida, pero, al tiempo, Kahn no quiere desprenderse de la mirada optimista e intimista que siempre tiene que mostrar el ser humano en situaciones límite.

Por ello, el esfuerzo que el filme realiza por resultar verosímil resulta de una autenticidad y pureza apabullantes, sin consignas moralizantes por ningún sitio. Y, por si fuera poco, redondean la película las interpretaciones del justamente premiado en Berlín, Anthony Bajon, que comparte cartel con Damien Chapelle, Alex Brendemül, felizmente secundados por Louise Griberg, Dorrit Petersen y Hanna Schygulla.

Ficha Técnica

Título original: La prière (The Prayer) (2018)

País: Francia

Dirección: Cédric Kahn

Guion: Cédric Kahn, Fanny Burdino, Samuel Doux, Aude Walker

Reparto: Anthony Bajon, Damien Chapelle, Àlex Brendemühl, Louise Grinberg, Hanna Schygulla, Antoine Amblard, Colin Bates, Magne Håvard Brekke, Davide Campagna, Maïté Maillé



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