un ejemplo de solidaridad con la educación de los niños nicaragüenses


En muchos lugares no son recibidos con todo el respeto a su dignidad con el que deberían ser tratados. Es más, en muchos sitios no solo son maltratados, sino sometidos a esclavitudes de todo tipo, empezando por la esclavitud de la ignorancia.

No es el caso de Costa Rica, el país centroamericano que ha sido, para América Latina, un faro en lo que respecta a los derechos humanos y, ahora, un verdadero centro de acogida de miles de niños que huyen con sus familias de la vecina Nicaragua.

El trabajo conjunto del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y el gobierno de Costa Rica, a través del Ministerio de Educación han podido construir una estructura educativa en las ciudades fronterizas con Nicaragua, para que los menores que huyen del vecino país no pierdan clases.

Miles de niños pueden ir a la escuela

Cabe señalar que en Costa Rica la educación primaria es universal y está abierta a todos los niños y niñas, independientemente de su situación jurídica o de su estatus migratorio.

ACNUR ha ayudado a las escuelas situadas a lo largo de la frontera norte a absorber la llegada de alumnos nicaragüenses, proporcionando pupitres, sillas y material escolar en pueblos y ciudades como Los Laureles y Upala.

Durante más de un año –hay que recordar que la crisis nicaragüense inició en abril de 2018—los pequeños refugiados han podido asistir a la escuela. Según ACNUR, 55.000 nicaragüenses han solicitado asilo en Costa Rica y, aunque se desconoce el número, generalmente uno de cada cuatro refugiados es menor de edad.

La generosidad es posible

En un esfuerzo para acoger a los menores nicaragüenses, las escuelas del norte de Costa Rica han simplificado sus requisitos de admisión, toda vez que la mayor parte de los pequeños no cuenta con documentos legales que los identifiquen.

“La generosidad demostrada por Costa Rica encarna el espíritu del Pacto Mundial para los Refugiados”, dijo Milton Moreno. Representante de ACNUR en Costa Rica. “Estos esfuerzos demuestran que la solidaridad puede implementarse y servir de inspiración para todos nosotros”.

El apoyo de Costa Rica a personas refugiadas del entorno centro u sudamericano a cincuenta años atrás, sobre todo en las turbulentas décadas de los setenta y ochenta del siglo pasado, cuando Honduras, Nicaragua, El Salvador y Colombia enfrentaron diversos tipos de conflictos armados.

Un sistema ejemplar de acogida

Según ACNUR, “Costa Rica siguió siendo un remanso de paz, manteniendo sus puertas abiertas para quienes se encontraban en riesgo”. Y no solamente acoge a los refugiados, sino que “ha desarrollado sistemas ejemplares de protección que permiten a las personas refugiadas prosperar”.

Entre otras medidas, Costa Rica, siempre según ACNUR, otorga a los solicitantes de asilo el derecho a trabajar y asistir a las escuelas mientras se procesan sus solicitudes, y les permite apelar si la decisión no es positiva.

Sin embargo, el creciente número de solicitantes de asilo en Costa Rica ha puesto a su sistema bajo una gran presión; de hecho, una media de 2.000 peticiones de asilo cada mes, lo ha desbordado. Pero, por lo menos para las niñas y los niños, hay esperanza de que no se queden sin escuela.



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