Tengo un hijo con altas capacidades, ¿qué hago?


Lo fundamental, buscar ayuda especializada y evitar caer en los mitos y las caricaturas que a veces distorsionan este tipo de situaciones.

Se ha  hablado tanto de los niños de altas capacidades que al final se ha generado una cierta confusión sobre este término, este tipo de niños y sobre la gestión de su vida en la familia y en la escuela.

Está claro que son niños y niñas, adolescentes, con una inteligencia de altas prestaciones que prosperan a un ritmo superior al de sus iguales. El primer paso es recabar ayuda especializada y evitar caer en los mitos y las caricaturas que a veces distorsionan este tipo de situaciones.

Son niños normales y la investigación ha determinado que son tan delicados y sensibles como los niños de su edad y que no están necesariamente abocados a padecer desequilibrios emocionales si los pasos familiares y escolares se dan en la buena dirección.

A menudo cuando un niño superdotado presenta alguna dificultad en las interacciones, algún retraimiento, hipersensibilidad, o dificultades para trabajar en equipo, se atribuyen estas características psico-afectivas a su condición de niño talentoso.

Y no es así: son niños que se saben distintos y sencillamente se les debe prestar más atención para ayudarles a que se conozcan a sí mismos y se integren del mejor modo posible primero en la escuela y luego en la sociedad.

Es decir, hay que convertir en normal esta superdotación intelectual y alejarse de una visión que presione al niño, que eleve equivocadamente las expectativas sobre qué puede hacer a partir de información de mala calidad.

Al final, podría ser que en algunos casos este tipo de niños talentosos padecieran una problematización de su vida escolar y familiar más por la incapacidad de maestros, escuelas, psicólogos y familia que a causa de su propio perfil psicológico de niños de alto Coeficiente Intelectual. 

El secreto es detectar cuanto antes estas altas capacidades y  si es posible al principio de primaria.  Comenzar a trabajar desde el primer día antes de que le caigan encima etiquetas imprecisas y se den pasos equivocados.

Y en este sentido hay que hablar de proceder con un protocolo claro y testado en casos anteriores presente en muchas administraciones educativas. Un protocolo que ayude a la escuela y a la familia a manejarse en estos planos a partir, también, del asesoramiento psicopedagógico exterior que recibe la escuela de cada autonomía por parte de la consejería de educación correspondiente. 

En este sentido es imprescindible la coordinación escuela-familia para que ambos agentes educativos anden en paralelo. Ahí la tutoría con los padres es imprescindible pues la familia debe dar su aquiescencia a los pasos subsiguientes inscritos en el mencionado protocolo.

No se puede improvisar: los pasos de la intervención psicopedagógica deben provenir de la investigación  científica y de unos bancos de buenas prácticas. Se trata de atender a la diversidad en el aula, de lograr que el aula sea inclusiva y que el clima del aula integre a los niños procedentes de distintas situaciones y perfiles sin excluir a nadie. 

El objetivo es actuar con una clara voluntad de equidad. Y esta actuación, esta intervención psicopedagógica, exige tener en cuenta no solo el plano cognitivo, sino también la realidad social y personal del niño en el plano emocional, psico-afectivo y comportamental. 

Ahí el protocolo debe comenzar por la detección. Cuando un maestro de la educación infantil, o de inicios de la educación primaria, intuye que un niño es capaz de procesar la información a una velocidad distinta a la de sus compañeros (en el plano de la lectoescritura, motriz, relacional, en sus preguntas e intereses, etc.) debe poder acceder a un documento estándar para toda la administración (o ayuntamiento grande) que, mediante la observación, le permita confirmar que está ante un caso de altas capacidades. Este maestro o esta maestra no deben funcionar por intuición, deben contar con recursos contrastados psicológicamente.

El siguiente paso es contar con el profesional.  Empieza la fase Fase de Identificación (a partir de tests, de instrumentos y escalas de reconocido prestigio y eficacia psicológica)  para definir en qué punto de su desarrollo se encuentra el menor.

Algunos colegios (o grupos de colegios) cuentan  con su departamento de orientación psicopedagógico. Si no es así  deben contactar con los especialistas de la consejería de educación de la autonomía.

Con este dictamen profesional se evaluarán los siguientes pasos educativos: este  niño deberá continuar en la escuela ordinaria pero con una adaptación curricular que le ayude a progresar en función de sus potencialidades.  También los maestros y las familias aportarán sus observaciones y el resultado será  un perfil refinado que marque la hoja de ruta formativa.

De este modo pasamos a la Fase de Orientación. Existen muchos programas educativos que trabajan en esta dirección. Es decir: qué se debe hacer en el aula curricularmente para adaptar a este niño, qué debe hacerse extracurricularmente para potenciar a este niño/niña concreto. Técnicamente es lo que se denomina el enriquecimiento curricular.

¿Se le debe pasar al curso siguiente o, por ejemplo,  se le debe poner en contacto  (en algún momento) con otros niños mayores para que se motive en el despliegue de sus dotes, su creatividad, su imaginación? ¿O se le debe proporcionar material de trabajo extra para realizar en el hogar? Cada caso es distinto. 

Las posibilidades son amplias pero presididas por un denominador común: estamos ante un niño normal, con sus mejores y peores momentos,  que debe ser cuidado en la escuela y en la familia para obtener lo mejor de él. Para que llegue a ser la mejor persona que está llamada a ser.

Y los padres deberán, se apuntaba más arriba, caminar en la misma dirección de la escuela, del equipo de psicólogos y pedagogos especialistas,  aceptando a sus hijos tal como son, tratándolos con normalidad aunque, eso sí, ofreciéndoles los recursos intelectuales y de empoderamiento que necesitan.

Tienen también que preocuparse de proporcionarles el mejor ocio que responda a sus inquietudes  y  la mejor vida social que necesita un niño (insistimos: normal) de estas características. Y a veces las familias progresarán si se asocian con otras familias de hijos de las mismas características para aunar esfuerzos y crear las mejores soluciones.

 



Fuente