¿Qué hacer cuando te invade la rabia?


La rabia es una de las emociones humanas más comunes. Puede surgir de algo tan pequeño como un dedo del pie o tan grande como el rechazo de un ser querido. Los niños luchan para controlarla, y la mayoría de nosotros lucha para esconderla.

Para la mayoría de nosotros, la rabia es parte de la vida cotidiana. Nuestros días están llenos de imprevistos y malentendidos, e incluso cuando sabemos que la rabia no es la mejor respuesta (por ejemplo, cuando uno de mis hijos accidentalmente derrama un vaso lleno), puede ser difícil contener el impulso.

Vale la pena considerar algunos pasos simples, pero muchas veces descuidados, para lidiar con la rabia. Antes de compartir estrategias específicas, es importante entender dos cosas: lo que estamos sintiendo y lo que estamos pensando. No centrarse en esos dos factores (sentir y pensar) puede limitar nuestra capacidad de canalizar nuestra rabia para usarla de manera adecuada.

Como suelo decir a los niños que atiendo en terapia, no hay nada de malo en la rabia – en realidad, puede ser muy importante -, es lo que hacemos con ella lo que importa. Entonces, para empezar, cuando sientas rabia, una de las mejores (y más simples) cosas que puedes hacer es darte un tiempo. Eso puede significar levantarte de la computadora e ir al baño o interrumpir intencionalmente una conversación acalorada antes de responder de una manera que puedas arrepentirte.

La pausa está diseñada para “parar” y reducir los resultados físicos negativos (por ejemplo, aumento de la presión sanguínea, frecuencia cardiaca), pero también para aumentar el tiempo para la toma de decisiones lúcidas.

Muchas veces, solo algunos minutos (y a veces algunos días) pueden ayudarte a llegar a un estado de espíritu más claro e intencional, lo que mejora los resultados en todos los frentes.

Además de hacer una pausa, es importante entender que existen formas activas y “lentas” de atenuar la rabia. Una de las mejores maneras de canalizar la rabia es a través de la actividad física. Aunque la mayoría de nosotros no pueda levantarse de la silla durante el trabajo e ir a correr (aunque algunos pueden), solo correr o andar en bicicleta al final de un día frustrante puede ayudarnos, a medida que nos involucramos mentalmente en “resolver las cosas”.

Cabe señalar, sin embargo, que a pesar de siglos de práctica, la investigación muestra claramente que la idea de una catarsis física es una mentira. Rasgar la almohada puede parecer satisfactorio en este momento, pero es probable que solo aumente la ira hasta que uses técnicas menos agresivas y emocionales. Además de las técnicas activas, la desaceleración a través de la respiración profunda, la relajación muscular progresiva y otras estrategias de atención plena pueden ser, en algunas situaciones, una excelente manera de ayudar a calmar la mente o el cuerpo.

Pero, para hacer eso, una tercera actitud es necesaria: “reencuadrar” nuestros pensamientos. Con los jóvenes, yo hablo sobre la diferencia entre pensamientos “calientes y fríos”. Pensamientos calientes alimentan el fuego de la rabia, mientras que los pensamientos fríos ayudan a reducirlo.

Cuando alimentas los pensamientos que potencian la rabia, es probable que sigas sintiéndote más irritado y más enojado. Pero si encuadras la situación de una forma más realista y objetiva, tienes una oportunidad mucho mayor de que la rabia que permanece sea más funcional y de autoperservación.

Yo no estoy sugiriendo un abordaje superficial y fingido de nuestros sentimientos. Lo que estoy diciendo es que, si nuestros pensamientos están llenos de ideas furibundas, podemos esperar que nuestro cuerpo esté lleno de rabia también. Nuestras percepciones guían lo que sucede después, independientemente de cuál sea la realidad. Los pensamientos importan más de lo que nos imaginamos.

Finalmente, después de usar todas esas técnicas específicas, surge una última consideración seria: ¿enfrentamos el problema que originó la rabia o solo intentamos olvidar y dejar pasar?

Algunas situaciones – las más graves – exigen que enfrentemos de forma más eficaz, civilizada y lo más transparente posible. Es cuando es simplemente inaceptable “sentarse” y dejar que otros sean perjudicados o abusados. Pero en otras situaciones – las más comunes -, como las discusiones de tráfico, dejar pasar puede ser la mejor respuesta.

En la mayoría de los días, mi propia casa, con siete niños y jóvenes, está llena de ruido y discrepancias. Me siento tentado a estar muy enojado y, a veces, cedo a esas tentaciones, a pesar de mi sentido común.

Pero como he aprendido (lentamente), hay algunas cosas que debo asumir directamente, y hay algunas cosas que debo dejar pasar. Si no, seré consumido por la rabia y la frustración constantemente, y mi eficacia y resistencia en lo que hago y digo disminuirá.

Eso no significa que estoy defendiendo un abordaje permisivo, pues se que esa no es ninguna estrategia eficaz. Sino que significa que no puedo hacer que todas las situaciones se vuelvan una crisis o una confrontación, y necesito aprender la diferencia entre una expectativa de comportamiento versus una meta de desarrollo.

En última instancia, sea a través de una pausa, salir a correr, una carta o solo una respuesta simple y regulada, la rabia usada de manera noble para fines virtuosos es algo maravilloso. Pero la rabia que sale de control y se vuelve furia solo busca destrucción, incluso de ti mismo. No dejes que eso pase.

 



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