Otra zona amenazada y ávida de misericordia


Bolpebra. El nombre lo dice todo. Conformado por las iniciales de los tres países (Bolivia-Perú- Brasil), esta área fronteriza amazónica de América Latina comparte las características de muchas otras: la interculturalidad, pero también las amenazas y la necesidad de mayor atención.

Es que en esta zona -comprendida por las ciudades de San Pedro de Bolpebra (Bolivia), Iñampari (Perú) y Assis (Brasil)– si bien desde hace años se habla de integración –incluso hay un puente que lleva tal nombre-  y el portugués se fusiona con el español, dando lugar al “portuñol”, la acción de diversos grupos criminales, además de delitos vinculados al narcotráfico, contrabando, entre otros, logra generar fuerte incertidumbre.

“Aquí todo parece tranquilo, pero hay gente mala, principalmente narcos, ‘bichos’, que utilizan esta zona para realizar sus fechorías”, expresa a El Deber Estéfano, un pescador local del río Acre, quien en un claro portuñol insiste en que gran parte de este sector amazónico está siendo utilizado por delincuentes peruanos, brasileños y bolivianos para delitos como contrabando y narcotráfico.

“Alguna vez los hemos encontrado, armados con ametralladoras y con otro tipo de armas en el río, pero no hacemos nada porque nos pueden ‘assassinar’ sin piedad”, agrega en diálogo con El Deber.

Espacio para cárteles brasileños

La aparente tranquilidad que podría brindar un espacio lejos de todo se ve sacudida efectivamente por algo que ha sido confirmado por autoridades policiales fronterizas: la presencia de cárteles brasileños.

Los dos nombres que suenan más –reconocidos también en varias zonas de América Latina por su irrupción en escena a través de atracos cinematográficos violentos, por ejemplo, y masacres en cárceles-  son Primer Comando Capital (PCC) y Comando Vermelho.

 

En la Triple Frontera Bolpebra encuentran un espacio ideal para la planificación de sus acciones, desarrollar asaltos, traficar, etcétera.

Y también los que los quieren imitar

Uno de los casos más recordados, indica El Deber, el asalto a la capitanía Bruno Racua en junio de 2018, en territorio boliviano. En aquella oportunidad lograron hacerse con armamento y municiones militares para posteriormente tomar el control del municipio de Puerto Maldonado en Perú.

“Pintaron las iniciales CV, de Comando Vermelho, en la ciudad para hacer creer que este cártel había llegado a la ciudad. Empezaron a extorsionar a los dueños de los negocios y hubo varios crímenes porque no pagaban lo que ellos pedían por el control. Hubo asaltos y varios sicariatos, hasta que se declaró al lugar en estado de emergencia y comenzaron a caer los cabecillas de esta organización”, señaló Manuel Morillo, el jefe del Departamento de Investigación Criminal (Divincri) del departamento Madre de Dios.

Posteriormente se confirmó que en realidad no pertenecían al Comando Vermelho, sino que eran “simples imitadores”, un grupo de 25 delincuentes que querían conforma un cártel propio.

Pero la acción delictiva persiste. Todo esto de alguna manera clama mayor atención a las autoridades, pues los locales, presionados por grupos delictivos, merecen alternativas por fuera de todo aquello que pueda generar complicidad. En definitiva, otra triple frontera, como tantas en América Latina, ávida de misericordia.

 

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Con información en base a El Deber



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