Juana Azurduy. Una heroína en la América colonial


Juana Azurduy fue una figura clave en la independencia de Bolivia. En el proceso, perdió a cuatro hijos y luchó estando embarazada. Siglos después se la recuerda como “La libertadora de Bolivia”. 

Juana Azurduy nació el 12 de julio de 1780 en el seno de una familia acomodada del Alto Perú, en la actual Bolivia. Su infancia transcurrió feliz, disfrutando de la compañía de su hermana pequeña Rosalía, corriendo por los campos y leyendo historias de santos, sobre todo de aquellos que habían sido guerreros, como San Luis de Francia o San Ignacio de Loyola. Pero su felicidad se vio truncada por la muerte prematura de sus padres. 

Tras pasar por un convento y vivir bajo de la protección de algunos familiares cercanos, Juana terminó instalándose en una de las haciendas familiares en la que recibió el cariño y la protección de sus vecinos. Entre ellos se encontraba la familia del que se convertiría en su marido y compañero en la lucha. 

Tenía veinticinco años cuando se casó con Manuel Ascensio Padilla. La familia creció rápidamente desde que en 1806 naciera el primer hijo de la pareja, al que en poco tiempo se unirían tres hijos más. Juana era una feliz madre de familia cuando en el Alto Perú empezó a arder la llama de la insurrección. Manuel se unió a la causa revolucionaria mientras que Juana permaneció junto a sus cuatro hijos pequeños a los que tuvo que proteger cuando su marido y ella misma fueron considerados rebeldes y sus tierras fueron confiscadas. 

AZURDUY

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Juana sentía que debía ayudar a su marido así que tras días de huir y esconderse decidió dejar a sus cuatro hijos al cargo de unos familiares y unirse a la lucha. Pronto demostró que era tan capaz como cualquier hombre. En una ocasión llegó a liberar a su marido que había sido hecho prisionero en una emboscada y se convirtió en una auténtica pesadilla para las tropas realistas que pusieron precio a su cabeza y a la de su marido. 

Pero la suerte de Juana se truncó cuando se vio acorralada y tuvo que huir con sus hijos a la selva en la que se refugió pero que se convirtió en una trampa mortal. Allí vio morir a sus dos hijos varones. Poco después de reencontrarse con su marido, sus dos hijas fallecían también a causa de las penurias de la guerra.

Solos, sin hijos, Juana y Manuel se volcaron con más bravura a la causa guerrillera. Juana luchó sin descanso aún sabiendo que estaba embarazada de nuevo. Cuando en 1814 nació su hija Luisa, regresó sin demora al campo de batalla. Dos años después, Juana recibió otro duro golpe cuando su marido cayó muerto en medio de la lucha. 

Los últimos años de su vida Juana Azurduy vivió importantes penurias económicas y falleció el 25 de mayo de 1862 sin que las autoridades de la nueva Bolivia se acordaran de ella. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común hasta que más de un siglo después sus restos fueron recuperados y trasladados a un mausoleo.

En 2009, Bolivia le otorgó el título de mariscal de la república boliviana y Argentina la ascendía a general del ejército argentino. También en Argentina, en 2015, se erigió una estatua en su honor, donada por el presidente boliviano Evo Morales. 

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