el zorro, instrumento inesperado de Dios


Aunque en nuestra época se distingue perfectamente al chacal del zorro, los israelitas recurrían a la misma palabra para designar a los dos animales, cosa que no facilita su diferenciación en los escritos bíblicos. Y aunque estos dos cánidos tienen sus semejanzas, poseen rasgos bien distintivos.

El zorro es de talla más pequeña, más rojo y más solitario, mientras que el chacal vive en grupo, tiene una cola más larga, un pelaje más claro y un aullido de lo más característico. Pero ambos son a la vez asustadizos y depredadores de, en especial, aves de corral.

Es precisamente este instinto predador del zorro el que le ha ganado una reputación tan mala en la Biblia. Al tener que tirar de astucia para alcanzar a su presa, su inteligencia es a menudo calificada como engañosa y será ampliamente denunciada en las fuentes bíblicas.

El Antiguo Testamento y el zorro

El profeta Ezequiel ilustra perfectamente esta mala reputación del zorro al afirmar sin rodeos: “Chacales entre las ruinas: ¡eso han sido tus profetas, Israel!”, entendiendo explícitamente que los profetas no habían luchado con justicia por edificar la casa de Israel, sino que habían vivido de manera taimada y ladina como los zorros.

El Cantar de los cantares, por su lado, describe a los zorros como devastadores para las viñas de Israel, una metáfora clara sobre quienes no siguen al Señor y no respetan su vid: “Cacen a los zorros, a esos zorros pequeños que arrasan las viñas, ¡y nuestras viñas están en flor!”.

El Antiguo Testamento relata también un curioso episodio en el que Sansón, en su lucha contra los filisteos, decide atrapar a “trescientas zorras, y las ató cola con cola en parejas, y a cada pareja le amarró una antorcha; luego les prendió fuego a las antorchas y soltó a las zorras por los sembrados de los filisteos. Así incendió el trigo que ya estaba en gavillas y el que todavía estaba en pie, junto con los viñedos y olivares”.

Aunque algo cruel e impactante, este relato hace del zorro, muy a pesar suyo, usando sus defectos, un instrumento preferente de venganza divina y recuerda así que la astucia también puede volverse en contra de quien la utiliza…

El zorro juzgado por Jesús

El Evangelio según san Lucas nos informa de las palabras directas de Jesús sobre Herodes, palabras inusualmente duras en su boca. Cuando los fariseos vienen a advertir a Jesús que Herodes desea su muerte y que debería marcharse, Jesús responde abruptamente: “Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado”.

El poder temporal no tiene fuerza sobre el Mesías, que debe continuar su misión, y ningún rey, por astuto que sea, podrá cambiar aquello por lo que el Mesías ha venido a la tierra. Jesús continúa con más claridad aún su crítica lamentando, usando la metáfora de la gallina protegiendo a sus polluelos bajo el ala, que Jerusalén no cuide jamás a sus profetas, todo lo contrario, los mata.

En Mateo afirma también: “Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos; pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”, significando así su camino solitario de Hijo de Dios.

La apoteosis del zorro en la Edad Media

A partir de estos múltiples relatos bíblicos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, se comprende por qué el bestiario medieval reservó un lugar destacado al zorro, sobre todo en la época gótica, donde se le representaría a menudo en relieves o gárgolas y, sobre todo, en las iluminaciones que ilustraban los manuscritos bíblicos. Los expertos lo describen como la bestia más embustera y astuta que existe, por lo que se le comparará al diablo. Sin duda, el zorro no tiene buena prensa…

En un tono más cómico, la imagen del zorro serviría también para parodiar a los clérigos cuando el animal se imagina predicando a las aves de corral o incluso confesando a un conejo, en una crítica no disimulada contra los abusos del poder espiritual. En 1289, Jacquemart Gielée escribió un poema titulado Renart le Nouvel en el que se representa una rueda de la fortuna en la que, desde su parte superior, preside el zorro sentado con los superiores religiosos bajo sus órdenes, un vuelco de los valores que se explotará aún más durante la Reforma…

En definitiva, la imagen bíblica del zorro se reutiliza en numerosas ocasiones a lo largo de los siglos en cuentos o fábulas, como las de La Fontaine, en quien no faltan ejemplos. Incluso en la actualidad se siguen sufriendo las fechorías de este astuto animal en el campo y algunas zonas más pobladas en las que el zorro hace incursiones por la proximidad humana.

Renard et la cigogne

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Zorro y cigüeña, Jean-Baptiste Oudry, 1747, Museo Nacional de los castillos de Versalles y Trianón.



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