El legado del padre Alfredo, custodio de huérfanos y abandonados en Bolivia


Su nombre era Johann Spiessberger, pero todos le decían sencillamente padre Alfredo. Es que este misionero franciscano nacido en Austria el 27 de marzo de 1937 ha tocado verdaderamente el corazón de su comunidad en Bolivia, principalmente en Santa Cruz.

Fundador e impulsor de las aldeas de niños Padre Alfredo, el legado de este misionero, fallecido en las últimas horas, será recordado por el énfasis en la protección que le ha brindado a menores huérfanos y abandonados.

Según recuerdan diversas semblanzas publicadas por estas horas, entre ellas la de Agencia de Noticias Fides (ANF), la llegada de Alfredo a Bolivia se produjo en 1965 y tuvo como destino San José de Chiquitos, tierra misional.

En ese lugar organizó un centro juvenil y años más tarde, inspirado en una obra de su ciudad natal “Aldea de Niños”, creó un centro de beneficencia para niños huérfanos y abandonados de Bolivia.

 

 

Su esfuerzo a favor de la niñez pobre y abandonada tuvo su reconocimiento a través de diversas instituciones de Bolivia y Austria. Incluso, prosigue ANF, en asamblea extraordinaria el 1998, en reconocimiento a esta gran obra, se resolvió el cambio de nombre de “Asociación de Aldeas de Niños Hermann Gmeiner” por “Aldeas de Niños PADRE ALFREDO J. SPIESSBERGER” bajo la tuición de la Iglesia Católica.

“El padre Alfredo fue un hombre que tuvo el coraje de dejar su patria europea para traernos la palabra de Dios, y con las aldeas que fundó logró salvar a cientos de niños de la miseria y la droga. Su obra de servicio a los desamparados es monumental. Incluso ejerció el cargo de alcalde del pueblo josesano, en tiempos muy difíciles, en la década de los 70”, expresó a El Deber uno de sus hijos espirituales, el periodista Oswaldo Ramos.

El último adiós al padre Alfredo estaba previsto que se realizara en el templo del Divino Niño y y su gran anhelo siempre ha sido que nadie se olvide de los niños de su aldea.

Hoy Bolivia vive un momento complejo a nivel social, con la proclamación de Jeanine Áñez como presidenta interina de Bolivia tras la renuncia de Evo Morales  –cuyo desafío será liderar un proceso de transición para apaciguar la crisis institucional- y con la iglesia clamando entendimiento y paz (ver último mensaje).

En medio de este clima, el legado de un cura misionero cuya mirada estuvo puesta solo en los más vulnerables, sin dudas una vida que significó un verdadero regalo.


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