el arzobispo de Los Ángeles advierte contra el supremacismo blanco


Tras los tiroteos masivos que sufrieron dos ciudades de Estados Unidos en un mismo día (el 3 de agosto en El Paso, Texas, y Dayton, Ohio), ha habido numerosas reflexiones, propuestas, artículos de prensa.

Destaca la columna escrita por el arzobispo de Los Ángeles (California) José Horacio Gómez, cuya familia es mexicano-estadounidense y que pasó cinco años sirviendo como arzobispo en San Antonio (Texas).

La columna del arzobispo Gómez, publicada en la plataforma de comunicación de la arquidiócesis de Los Ángeles, “Angelus”, destaca que en El Paso, por primera vez, se ha llevado a cabo una masacre en el nombre de detener la migración mexicana.

“En los 22 muertos en El Paso, y las dos docenas de heridos más, en los niños que se quedaron sin padres, en la seguridad destrozada de una ciudad fronteriza pacífica, nos quedan algunas preguntas difíciles sobre en qué se está convirtiendo nuestra nación”, escribe Gómez.

El también vicepresidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) señala que si el “nacionalismo blanco” está en aumento en ese país, ello representa “una señal de cuán lejos hemos caído del universalismo cristiano” presente “en los ideales fundacionales” de la Unión Americana.

Gómez, quien ha escrito un libro esencial en el que llama a la migración el futuro de Estados Unidos, reflexiona en su columna y dice: “En Jesucristo, no hay mexicanos ni negros, ni vietnamitas, chinos, coreanos o filipinos, ni rusos o italianos, africanos o salvadoreños, ni inmigrantes ni nativos”.

Más adelante, el arzobispo nacido en Monterrey (México) subraya que “en Jesucristo, solo hay hijos de Dios, hechos a su imagen, templos del Espíritu Santo, dotados por su Creador con dignidad e igualdad y derechos humanos que deben ser protegidos y que nadie puede violar”.

En una posición de rechazo a las iniciativas recientes de la administración Trump sobre los inmigrantes, especialmente los de origen latino, el prelado estadounidense señala que los hombres y las mujeres no se vuelven menos humanos, menos hijos de Dios, porque son “indocumentados”.

Nacionalismo blanco y terrorismo doméstico

No es nuevo lo que sucedió en El Paso. La lista se une a las medidas represivas contra los japoneses estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos de iglesias en el sur de Jim Crow, los linchamientos de mexicanos en Texas que continuaron en la década de 1920, “entre muchos episodios vergonzosos de nuestro pasado”, escribe el arzobispo de Los Ángeles.

Para el purpurado hay un mito que se repite, peligrosamente, en la boca de los supremacistas: el mito de que Estados Unidos fue fundado por y para los blancos.

Con precisión histórica, Gómez recuerda a sus lectores que el territorio actual de Estados Unidos “nació como un encuentro de culturas, primero con los nativos americanos”.

Subraya que los hispanos llegaron a Texas en 1519. Los asiáticos comenzaron a llegar a California unos 50 años antes de que los peregrinos llegaran a Plymouth Rock y fundaran, con ello, la semilla de lo que ahora es la Unión Americana.

Y para refrescar la memoria de todos aquellos que al oír hablar en español agreden a los hispanohablantes y les piden que “regresen a su país”, el prelado recuerda que el primer idioma no nativo hablado en este continente fue el español, no el inglés.

Y ahora mismo, hay ciudades en Estados Unidos, como El Paso y Los Ángeles, donde las minorías raciales y étnicas ahora superan en número a los estadounidenses de ascendencia europea. “Los blancos representan menos de la mitad de los niños que nacen hoy en Estados Unidos”, escribe en su columna de Ángelus, monseñor Gómez.

Después de El Paso, la misión es ayudar a nuestra sociedad “a ver nuestra humanidad común: que todos somos hijos de Dios, destinados a vivir juntos como hermanos y hermanas, sin importar el color de nuestra piel, el idioma que hablemos o el lugar donde nacimos”.

Y termina diciendo que “la forma en que honramos las vidas tomadas en El Paso es vivir con verdadero amor cristiano, y vivir por la visión de Estados Unidos que el asesino negó”.



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