¿Cómo ayudar a mi mente a controlar las reacciones desproporcionadas?


Uno de los factores que nos dan pista sobre nuestro nivel de equilibrio emocional es prestar atención a nuestras reacciones desproporcionadas. Todos tenemos en algún momento de nuestra vida reacciones desproporcionadas ante determinados acontecimientos.

Generalmente se expresan a través del miedo a cosas que no son tan peligrosas (fobias), pero hay muchos más tipos de reacciones desproporcionadas: ataques de rabia ante situaciones menores, una tristeza exagerada ante acontecimientos naturales como el final del periodo vacacional, etc.

Las emociones nos sirven para el propósito esencial de todo ser humano: conservar la vida. Ante un león sentiré miedo, y esto activará mi cuerpo para prepararlo para una huida inminente. En este ejemplo, el miedo me sirve para potenciar mis habilidades físicas y escapar del peligro.

Sin embargo, cuando hemos vivido alguna experiencia traumática en nuestra vida, es posible que confundamos a nuestra mente, preparándola para generar unas emociones que no nos sirven para el propósito que necesitamos.

Si por ejemplo de pequeño prestaste material escolar a un compañero de clase y al pedírselo de vuelta te lo devolvió roto y poniéndote mala cara, es muy posible que el miedo a perder de nuevo cosas materiales te haya llevado a no prestar de nuevo nada a los demás.

En este caso, el adulto tiene que darse el mensaje de que no todo el mundo es como aquel compañero de su clase, que además era un niño, y seguramente hoy en día también es una persona muy distinta.

¿Cómo puedo ayudar a mi mente a que no me provoque reacciones desproporcionadas?

El psicólogo Albert Ellis desarrolló el modelo ABC para explicar la influencia de los pensamientos en nuestras emociones y nuestra conducta.

A (Acontecimiento) –> B (Belief, creencias) –> C (Consecuencias)

Para Ellis, cualquier acontecimiento en sí es neutro y no tiene el poder de provocarte ninguna emoción. La emoción viene a partir de tu interpretación de ese acontecimiento.

Pongamos por caso que dos hermanos pierden a un abuelo. En sí, la pérdida de su abuelo es un acontecimiento neutro, y las emociones que se producirán en sus nietos serán distintas en función de las creencias de estos.

Si el primer hermano, tenía muy buena relación con él y le veía todos los días, es muy posible que el esquema que seguirá sea el siguiente:

ACONTECIMIENTO: he perdido a mi abuelo.

BELIEF, CREENCIAS: le veía todos los días, por lo que me va a costar mucho vivir sin él.

CONSECUENCIA: dolor muy elevado por la pérdida.

En cambio, si el segundo hermano vivía fuera de la ciudad y solo podía ir a verle cada dos meses, posiblemente su esquema sería parecido a este:

ACONTECIMIENTO: he perdido a mi abuelo.

BELIEF, CREENCIAS: al menos el abuelo ya está descansando, porque estaba muy malito por su enfermedad.

CONSECUENCIA: dolor leve ante la pérdida.

Como se puede observar, el acontecimiento es el mismo, pero el nivel del dolor ante la pérdida depende exclusivamente de las creencias que cada uno tiene en su mente.

El problema es cuando algunas de nuestras creencias, arraigadas desde nuestra infancia, no se corresponden con la realidad y provocan en nosotros reacciones desproporcionadas. Revisar nuestras propias creencias arraigadas (por ejemplo, sobre nuestro aspecto físico) nos ayuda a crecer en madurez. 

Si hay acontecimientos en tu vida que te provocan un dolor elevado, trata de sentarte a escribir cuál es el esquema de pensamiento que sigues:

  • ACONTECIMIENTO: descríbelo de forma muy neutra y sin emociones, como lo vería una cámara instalada en medio de la sala. No aportes ninguna opinión. Simplemente describe lo que ves.
  • BELIEF, CREENCIAS: escribe los pensamientos que te surgen a partir de ese acontecimiento. Aquí es donde está la clave para ver de dónde proceden tus emociones extremas. Quizá has dado por válidos algunos de esos pensamientos que, analizados un poco más en frío, se ven exagerados y ciertamente desproporcionados.
  • CONSECUENCIA: si consigues establecer pensamientos realistas en el punto anterior, las consecuencias serán menores y menos limitantes para ti.

Detectar las creencias que hay detrás de nuestras conductas nos permitirá cambiar esquemas que tenemos arraigados y nos impiden vivir con plenitud.



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