Así ha pagado María su conversión


La historia de la joven de Costa de Marfil que acaba de desembarcar del Open Arms junto a otros inmigrantes: Me pegaban, me escapé de casa

Entre los inmigrantes de la nave Open Arms hay una joven mujer africana. Su historia es producto de la intolerancia religiosa hacia su conversión al cristianismo.

Aceite hirviendo en las piernas

María, de 30 años, procedente de Costa de Marfil, se convirtió al cristianismo y su familia la echó de casa. “Por eso me fui sin saber que iba a ser de mí”, declaró a La Repubblica (20 agosto). En Libia fue arrestada: “Me pegaban continuamente, un día intentaron violarme, pero me resistí con todas mis fuerzas, y para vengarse me echaron aceite hirviendo a las piernas”. Desde entonces María camina con dificultad.

Después, en julio, como cuenta a La Repubblica, lanzaron una bomba en el centro de detención de los inmigrantes donde estaba María. En Tajoura murieron 44 personas, 130 fueron heridas. Ese día María huyó de la prisión. Y poco después consiguió subirse a una patera que tenía que llevarla a Italia.

La historia del país de origen de María, de hecho es la de convivencia entre los cristianos (el 33% de la población) y los musulmanes (el 39%), siendo los primeros más numerosos en el sur y los segundos en el norte. Como en muchos países de la región, las dos confesiones están a menudo presentes en la misma familia, sin especiales tensiones pero últimamente parece que ya no es así.

“El Corán y las reglas asfixiantes”

“El integrismo está haciendo camino”, declara el padre Darío Dozio, sacerdote de la Sociedad de las Misiones Africanas en Abidjan. Varios predicadores han llegado de la península arábiga. Otros, oriundos del país, se han ido a estudiar al extranjero y cuando han vuelto han creado grupos de estudio y escuelas de lectura fundamentalista del Corán y que imponen reglas asfixiantes: las más visibles sobre la vestimenta” (La Stampa, marzo 2016).

La clave para contrastar estas tendencias pasa por la actitud de la población que todavía parece resistirse a las tentativas de radicalización.

El padre Dozio explica: “los ataques provocan miedo, ciertamente, pero no creo que todavía creen división entre la gente. Podría ser que el peligro y las dificultades nos hagan mas solidarios, como siempre pasa durante las crisis”.

El trabajo por la paz de la Iglesia y de los religiosos islamistas moderados se lleva a cabo desde hace tiempo, desde que terminó la guerra civil en 2011. Y en este camino queremos seguir en los próximos años siempre con más fuerza.



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