30.000 faroles rinden homenaje a la Virgen


Todos los años la gente de esta ciudad ofrece un espectáculo único en el mundo: iluminar calles y plazas durante dos noches para saludar a María

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Lo que en 1981 comenzó como la devoción de una mujer que ideó un farol con los colores de la Virgen de la Inmaculada Concepción para proteger una vela que se apagaba, se ha convertido tres décadas después en un formidable espectáculo de luz, color, creatividad, unión comunitaria y, sobre todo, de fe.

Al año siguiente —1982— el azul y blanco de la Virgen utilizado por la señora en su farol se multiplicó por miles y ya no fue solo en el frente de una sola casa, sino en 27 cuadras donde se vieron miles de velas, luces y adornos multicolores que con novedosos motivos homenajeaban a María, Jesús y algunos personajes de la Navidad.

Más adelante, ante el inesperado crecimiento de esta práctica, el Club de Jardinería, con el apoyo de feligreses, la parroquia y de algunos comerciantes, asumió la organización de un evento, tipo concurso, en el que se premiaban los mejores faroles, alumbrados y vitrales. Poco a poco, se extendió la fama de Quimbaya como un pueblo único en el mundo que todos los 7 y 8 de diciembre prendía luces en sus calles para homenajear a la Virgen y recordar el dogma de la Inmaculada Concepción. Paralelamente se le empezó a conocer como la ‘Tierra luz de Colombia’.

 

VELAS Y FAROLES

Facebook-Festival Velas y Faroles Quimbaya.

 

La vida de esta población de 40.000 habitantes cambia desde mediados de agosto cuando empiezan los preparativos para elaborar los mejores faroles que se deben exhibir en calles, plazoletas y andenes de las casas. Todo debe quedar listo con anticipación y no fallar porque la idea es mostrar la mejor iluminación el Día de las Velitas, como se llama popularmente en Colombia al 7 de diciembre, víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción.

No se trata de fabricar farolas o lámparas de manera indiscriminada y sin ningún criterio. Como lo manifestó en entrevista con Aleteia la presidenta de la Fundación Velas y Faroles, Nini Johana Ospina, “es toda una manifestación religiosa y cultural basada en valores como el trabajo comunitario, la unión familiar, la recursividad y la creatividad”.

Para preservar esa manifestación cultural con base en esos valores, se creó el Festival de Velas y Faroles que cada año, al mismo tiempo, invita a los pobladores a trabajar en un propósito común y a los turistas a disfrutar de un espectáculo sinigual. En efecto, el pueblo se paraliza, los espectadores quedan anonadados por el ingenio artesanal y el alumbrado público se apaga para darle todo el protagonismo a las velas de esperma, los faroles y los vitrales. Sin contar las velas encendidas sin ningún adorno, son cerca de 30.000 faroles prendidos y extendidos a lo largo de 230 cuadras en las cuales hay en promedio 130 farolas.

Esta iniciativa comunitaria y ciudadana —no gubernamental— requiere de una gran organización que está a cargo de diez personas de la Fundación que dirigen y coordinan con meses de anticipación todos los aspectos de un evento de carácter internacional que hace pocos años fue declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial del departamento del Quindío, la región donde está localizada Quimbaya.

Una característica del festival es el estímulo al trabajo en comunidad, lo que obliga a los habitantes de un sector a asociarse para proponerle a la organización el tipo de trabajo que piensan exhibir. “La gente en sus comunidades se pone de acuerdo para escoger el diseño, lo inscriben y proceden a hacerlos, pero deben inscribirse por cuadras o barrios completos, pero de ninguna manera puede ser una sola persona la que ilumine su sector”, explicó Nini Johanna Ospina.

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Impacto económico

Las cifras sobre la influencia del Festival en la vida de esta población cafetera, localizada en el centro de Colombia, son impresionantes. En los últimos cinco años el promedio de visitantes ha sido cercano a los 30.000 turistas. Para este 2018 los organizadores esperan aproximadamente a 40.000 visitantes, es decir, el equivalente al número de habitantes de Quimbaya.

La presencia de visitantes colombianos y extranjeros también fortalece la economía local, especialmente renglones como el transporte, la hotelería, los restaurantes y el comercio en general. Hace pocos días el sector hotelero informó que la totalidad de camas disponibles estaba reservada con meses de anticipación.

El turismo también se fortalece ya que además de disfrutar del alumbrado nocturno, los turistas pueden apreciar el impactante paisaje cultural cafero, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 2011, y visitar Panaca, un parque temático agropecuario en el que se puede interactuar con elementos de la naturaleza regional.

Con el Día de las Velitas, una costumbre extendida por pueblos y ciudades en donde sus habitantes suelen poner velas en las afueras de sus casas y en lugares públicos para conmemorar la festividad de la Inmaculada, comienza oficialmente en Colombia la temporada de Navidad.

 



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